El fundador del conjunto, Edwin Guerrero, reveló que decidieron no volver a tocar en Trujillo y el norte chico ante la creciente ola de extorsiones que afecta al sector musical.

La popular orquesta peruana Corazón Serrano decidirá suspender sus presentaciones en la ciudad de Trujillo y en otras localidades del norte del país debido al creciente temor por la extorsión. Así lo declaró su fundador Edwin Guerrero Neyra, quien afirmó que esta medida responde a los nuevos retos de seguridad que afronta el gremio musical.
“Por ejemplo, a Trujillo y al norte chico hemos decidido no ir por temor a las extorsiones. La última vez que fuimos fue por un evento especial que tuvimos, pero por motivos de seguridad decidimos no aceptar o cancelar estos pedidos”, señaló Guerrero.
Guerrero detalló que el grupo ha comenzado a recibir llamadas, audios y mensajes en los que se les exige presentaciones o “protección”, incluso con amenazas de que podrían atentar contra ellos si no accedían a los requerimientos de los extorsionadores.
“Cada vez que vamos a un concierto, nos cuidamos más. Antes nos llamaban o enviaban mensajes y audios de manera diaria… En algunos casos nos pedían hacer el show gratis para ‘cuidarnos’”, relató el productor.
Esta decisión se da en un contexto donde la región norte del Perú, incluyendo Trujillo, ha visto un incremento notable de los delitos de extorsión, amenazas y control ilícito del territorio por parte de redes de crimen organizado. La industria del entretenimiento, aunque no tradicionalmente relacionada con la informalidad criminal, se ha vuelto un blanco más de este tipo de violencia.
Para Guerrero, la medida no solo busca proteger a los integrantes de la orquesta, sino también evitar exponer al público y a los promotores a situaciones riesgosas.
“No queremos que nuestra música traiga miedo o que nuestra presencia implique un riesgo para los organizadores o el público… Preferimos retirarnos de ciertas plazas antes que poner en peligro nuestra gente”, añadió.
Con esta decisión, Corazón Serrano envía una señal de alerta sobre las condiciones de inseguridad para el sector del entretenimiento en las regiones, donde la presencia de mafias que exigen “derecho de piso”, extorsionan eventos y amenazan con la imposición de cuotas se convierte en un factor que limita la actividad económica y cultural.