Desde la capital liberteña, la lideresa de Fuerza Popular lanzó oficialmente su cuarta candidatura presidencial. Reconoció “errores del pasado” y prometió erradicar la “maldita violencia” que golpea al país, colocando la seguridad ciudadana como eje central de su propuesta.

La lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, eligió Trujillo, región La Libertad, como punto de partida para su cuarta campaña presidencial con miras a las Elecciones Generales 2026, buscando recuperar protagonismo político tras tres derrotas consecutivas en las urnas.
Desde un mitin multitudinario en la capital liberteña, Fujimori reconoció que “hubo errores, sin duda”, pero aseguró que esta nueva etapa estará marcada por una lucha frontal contra la criminalidad. “A esa maldita violencia hay que enfrentarla en las calles, con tropas, con las Fuerzas Armadas. Tenemos las agallas y los pantalones bien puestos”, sostuvo durante su discurso.
El evento contó con la presencia de los congresistas Luis Galarreta y Miguel Torres, quienes la acompañarán como candidatos a la primera y segunda vicepresidencia, respectivamente. Fujimori también confirmó que no buscará un escaño parlamentario: “Solo quiero la presidencia, no premios de consolación”.

La elección de Trujillo no fue casual. La ciudad norteña vive una de las peores crisis de inseguridad de los últimos años, y el fujimorismo busca conectar con el sentimiento de hartazgo ciudadano frente a la delincuencia. Analistas señalan que el lanzamiento en esta región busca proyectar una imagen de cercanía con las provincias, en contraste con el centralismo limeño de campañas anteriores.
Durante su alocución, Keiko rindió homenaje a su padre, el expresidente Alberto Fujimori, al recordar que “luchó contra el terrorismo y la hiperinflación”. Sin embargo, evitó referirse a las condenas por violaciones de derechos humanos y corrupción durante aquel régimen, aspecto que sigue marcando la sombra política del fujimorismo.

El acto generó controversia por la presencia de congresistas de Fuerza Popular en plena semana de representación parlamentaria, lo que ha sido interpretado como un uso partidario de recursos públicos para fines electorales.
Con esta postulación, Fujimori apuesta por reactivar su base política en el norte del país, reforzar su narrativa de “orden y autoridad” y posicionarse nuevamente como una figura central en la escena política peruana rumbo al 2026.